Casamiento

PREPARANDONOS PARA LA JUPŔ

Casarse en Bet Hilel
Ninguno de los rituales de nuestra tradición son realizados en forma privada. Los ritos de pasaje que conforman el ciclo de la vida del judío, Brit Milá, Simjat Bat, Bar/Bat Mitvá casamiento y duelo son vividos en Minian y en comunidad.
Hacemos público nuestros sentimientos y emociones mas sagradas porque son también los valores comunitarios y familiares del judaísmo.
Es muy raro que alguien decida casarse en privado. El matrimonio es uno de los preceptos religiosos y como tal fundamental para nuestro pueblo y su existencia.
La sexualidad, la belleza y la bendición de tener hijos son parte de la alianza de Sinaí y de la ley de Dios.
La boda judía ocupa sin lugar a dudas un lugar de privilegio en nuestra tradición.
Otros mandamientos son postergados a la hora de armar una boda si es necesario.
Solo en dos oportunidades puede ser interrumpida la Mitzvá del estudio de la Torá: para acompañar a aquellos que están de duelo y conducir al muerto a su entierro y para llevar a la novia hasta la Jupá.
Según nuestras fuentes las almas de un marido y su esposa fueron unidas por Dios aun antes de la concepción. Cuarenta días antes del nacimiento de un niño se anuncia quien será su pareja. Y desde el nacimiento los ángeles trabajan arduamente para que se produzca el encuentro entre los futuros amantes que serán marido y mujer aunque provengan de diferentes lugares de la tierra.
Este relato y la existencia de un mandamiento específico de juntar hombres y mujeres, dan cuenta que el amor y la familia ocupan un lugar central en nuestras fuentes.
Incluso en tiempos del Segundo Templo se festejaba la fiesta Tu BeAv (15 del mes de Av), una especie de día de los enamorados, que es comparable de acuerdo al Talmud a Iom Kipur en su solemnidad.
En la Mishná de Taanit 4:8 leemos que Raban Shimon Ben Gamliel dijo: No ha habido días mas felices para Israel que el 15 de Av y el día de Iom Kipur, porque en ellos las hijas de Jerusalem acostumbraban a salir vestidas con ropas blancas que pedían prestadas para no avergonzar a aquellas que no tenían ninguna... Y las hijas de Jerusalem solían danzar en los viñedos.Y qué decían ellas?: "Joven, alza tus ojos y mira a la que elegirás para ti: no dirijas tus ojos hacia la belleza, sino hacia la familia: porque la gracia es engañosa y la belleza es vana, pero una mujer que teme al Eterno es digna de loores."
La santidad del matrimonio y de la familia debe ser tomada muy en serio.
En el Talmud comparan lo difícil que es formar una pareja exitosa con la apertura del mar rojo. El pueblo primero lloró pensando que no podría atravesarlo y una vez que cruzó el mar salvándose de los egipcios cantó melodías e himnos de agradecimiento.
Algo similar nos pasa con la construcción de una familia y la paz en el hogar. No es una tarea sencilla y a menudo implica también lágrimas y momentos de tristeza, pero nos llena de dicha y felicidad compartir momentos mágicos con nuestro amor y ver crecer a nuestros hijos.
Tan importantes es para nosotros encontrar una pareja apropiada y constituir un hogar judío que hasta solemos desear a los padres poder encaminar a los hijos en una vida de buenas acciones y acompañar a los hijos a la Jupá.
Hace mas de dos mil años existía en la ciudad de Betar la costumbre que cuando nacía una criatura, los padres plantaban un cedro por un niño y un pino por una niña y posteriormente, los árboles eran talados y utilizados para armar la Jupá.

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